Botulfs Bar Lund

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Ni bien puso un pie en la calle, sintió la necesidad de buscar diversión. Se puso los pantalones largos (calentadores) y luego sus jeans, el invierno ha oscurecido los días y poco a poco la escarcha lo cubre todo, el pasto cruje con cada pisada y el aliento se revela en cada respiro. Los cero grados ahora son un hecho concreto que se combate además con gorro, bufanda, guantes y gruesas chaquetas. Caminar a oscuras sabiendo que son las cuatro de la tarde, dependiendo de las circunstancias puede jugar a favor o en contra. Si vas a estudiar o trabajar con este clima no es alentador. Pero a Joel no le importa. Su plan es joder.

Me considero un hombre de bares y les agarré el gusto luego de mis días en Buenos Aires. Había un par de ellos que me gustaron mucho a fines de los años noventa y que se encontraban en el Talar de Pacheco, El Tigre. Sentarme en una barra es un placer que he ido desarrollando con los años, por lo general termino siendo amigo de los dueños de los bares, pero ojo no de todos, a mi juicio hay bares que no merecen llamarse bares, y bares a los que no me gusta entrar. Lo que me gusta es la empatía del ambiente, me gusta sentir que me invita no solo a sentarme, sino a volver.

Pero Joel es diferente, es muy literal y Botulfs Bar también lo es, el nombre le viene a consecuencia de Botulfsplats, la parada de buses en el centro de Lund, no sé cuántos años tiene pero se ve que tiene historias que contar. Estuve antes ahí rodeado de gente de cabello plateado y surcos en la cara, curiosamente el barman, un hombre de medio oriente ya pintaba canas, así como la madura camarera enfundada en jeans negros, que parecía conocer muy bien a los clientes por las sonrisas y bromas que se gastaban.

Se sentó en las primeras mesas subiendo las escaleras y para beber pidió Spendrups con maní. Joel vive hace tres años en Lund y llegó para estudiar gracias a una beca Erasmus que ganó sin esperar que su aplicación rindiera frutos, su familia sigue en Chile y no piensan moverse de Antofagasta, “Lo tienen todo allá Po Uon” lo afirmó sin dudarlo, en Chile se vive bien, me lo dijo la vez que le pregunte brevemente por su familia y las razones de estar aquí.

Son las 5 pm y el after work llama a todos los trabajadores a darse tiempo para unas cervezas antes de ir a casa o ponerse en pedo* lo antes posible. Es una costumbre Sueca, sobre todo si es viernes, hay que aprovechar el tiempo ya que los bares cierran puntualmente a las 3 am. Muchos solteros y solteras salen a buscar diversión, al igual que los estudiantes llegados de otros países.

Ahora, a un mes de Noche Buena, el centro de Lund resplandece con las luces que la comuna ha colocado en las principales calles y fachadas de algunas instituciones. Los restaurantes, cafés y obvio, los bares lucen llenos. Las bicicletas parecen luciérnagas circulando por todos lados, debido a las luces que llevan como medida de seguridad en la noche.

Botulfs está casi lleno y Joel gira la cabeza de un lado a otro, sus ojos fisgones se entrometen entre los grupos de amigos que han llegado a ponerse a tono. Toma con disimulo, y a lo lejos detiene la mirada en algunas chicas que, aún están entretenidas en su conversación. No hay por qué apurarse, aún es temprano, piensa, mientras se lleva uno a uno el maní salado a la boca.

Tiene 26 años y ha decidido vivir en Suecia, hace poco ha cambiado, con mucha suerte, su residencia de estudiante por la de trabajo, labora en una fábrica familiar de muebles, sus estudios de arquitectura los combina con el diseño de muebles y está enfocado en aprender todo a cerca de la producción en este rubro.

Sus ojos almendrados son su mejor arma, ya que su sedentarismo le han hecho ganar peso, 85 kilos, mide 1.75 m, tés blanca, de cabello negro erizado, el tono verde-grisáceo de sus mejillas y mentón revelan una espesa barba que, confirman sus raíces Mapochas y Araucanas.

La mesa que ocupa es para cuatro, hay espacio suficiente y sin anunciarse se han sentado junto a él un grupo de muchachos, al parecer suecos. Dos chicas y un chico que saludan brevemente a Joel. Él no se inmuta y sigue bebiendo su cerveza, las chicas han pedido cidra y el muchacho una Heineken, !Skål! dicen en voz alta, a lo que Joel se une al brindis !Skål! y tras una mirada pausada del grupo de amigos, ellos responden con una sonrisa a Joel. Hej Jag heter Lars, dice el chico, och Jag heter Filippa, och Jag heter Åsa dicen las chicas, finalmente Joel les dice su nombre y empiezan a conversar.

Es la tercera cerveza de Joel, Filippa y Åsa van lento, pese a ello han logrado compenetrar en el intercambio de ideas y ha observado, además, que Lars no muestra señal alguna de interés por ninguna de las chicas, pero solo para confirmar: ¿Y quién es tu pareja? le pregunta a Lars haciendo pública su inquietud. ¿Pareja? dicen las chicas, ninguna, solo amigos. Si, solo amigos, confirma Lars entre risas. Salud por la amistad, propone Joel, levantando su vaso. Skål responden todos.

Sus rostros desencajados evidencian que están adormecidos por el alcohol. Lars abraza y estruja a Åsa, le habla al oído y le besa sutilmente  la majilla, ella sonríe y ríe con cada palabra que escucha. Los muchachos no deben tener más de 23 años, Lars no es más alto que Joel pero si más delgado, su cabello recortado por las sienes y la nuca y el mechón que cae de medio lado, le recuerda el look de los años 50 tal como lo usó Elvis Presley. Los ojos verdes y barba colorada de dos días no lucen del todo bien con los prominentes cachetes, no puede dejar de encontrarle semejanza con Paul McCartney.

Las intensiones de ambos lados se hacen evidentes, Lars y Åsa están en lo suyo, pero Filippa no muestra señales de interés en Joel, quien ahora agudiza la mirada, se acomoda sobre su asiento e imposta la voz para decir, ¿y cómo quieres terminar esta noche? Ah! mmm dice Filippa quién un tanto desconcertada con la pregunta sonríe, dejando a la vista la leve imperfección de sus incisivos, una dentadura irregular que distrae la concentración del cortejo de Joel. Durmiendo temprano en casa, le responde hábilmente. Ja ja ja ja, ríe el galán.

Su Smartphone la entretiene más que el flirteo. Mira, esta soy yo con mi mascota; le muestra la fotografía de ella sosteniendo en brazos un conejo de color marrón que claramente es más grande que un gato. Joel se sorprende del tamaño del animal ¿cuánto mide? No sé, pero es así, Filippa hace un estimado de la longitud de su conejo colocando las manos a una distancia de entre cuarenta y cincuenta centímetros sobre la mesa. Wow, es grande, sí, le responde ella. Y mira, esta soy yo antes de cortarme el cabello. En la foto luce distinta con una larga cabellera rubia que, definitivamente la hace ver como otra persona, pero no menos atractiva que ahora.

Su pelo ahora es negro y corto como un varón, alborotado, rígido, posiblemente por un spray fijador. La oscuridad del cabello contrasta con la palidez de su piel joven, los labios rojos, las pestañas rizadas, su mirada risueña, la nariz pequeña y respingada, sus pupilas dilatadas por la tenue luz del bar impiden ver con claridad el azul de sus ojos.

Joel se acelera mientras la observa, y sin decir nada se lanza a besarla, sus labios se estrellan produciéndose un doloroso choqué de dientes. ¡Fy fan! Exclama furiosa Filippa, ¡maldita sea! ¡Qué te pasa! Lars y Åsa salen en defensa de su amiga, que se ha quedado con la mano en alto amenazante. Puestos de pié con actitud bélica, le insultan ¡Helvete! ¡idiot! ¡fuck off!, are you mad?

El grupo de amigos se retira airadamente, dejando a Joel sentado solo en la mesa de Botulfs Bar, avergonzado ante la mirada del resto. Toma un trago largo de cerveza para simular que nada ha pasado y uno a uno vuelve a llevarse el maní salado a la boca, pensando en los hechos.

Un caso aislado, creo yo, es sabido, comentado y recomendado por los propios suecos que si alguien quiere sexo en Suecia solo tienes que ir a un bar, una ventaja para los hombres y ningún problema para las chicas, el sexo es un ejercicio natural que no amengua la dignidad de una mujer. Y ningún hombre pretendería hacerlo ver como tal.

Como les mencioné Joel es literal, primario, un animal que se deja llevar por sus deseos. Es casi media noche y sale del bar, camina con la convicción de que hoy se irá a la cama con alguien, afuera hace un frio considerable, posiblemente -2 grados. Ronda furtivo por las diversas calles del centro de Lund en busca de alguna chica con las mismas intenciones, personas van y vienen, en grupos, en pares o a solas.

Montado en su bicicleta da vueltas, hasta que a lo lejos ve a una mujer que está por tomar su bici para ir, posiblemente a casa. Hola, le dice a la chica que parece de treinta años, hola, le responde ella y mira a Joel esperando a que le diga que desea. Están cerca al bar Hércules y al RådHus, en frente de una gran plaza. La mujer mira impaciente. Bueno, estaba pensando si quieres tener sexo conmigo, se lo dice sin rodeos, la chica se sorprende y se ríe, ¡oh no! lo siento no estoy interesada, y se da prisa en sacar su bici y marcharse. ¿Pero por qué no? Pregunta Joel, porque no quiero, responde la mujer. Ok, ¡te doy dinero! Replica Joel haciendo que la chica monte su bici y se marche de prisa.

Como un perro con ganas de aparearse, sigue dando vueltas en la fría noche, ha encontrado una fiesta universitaria, la juventud entra y sale por la puerta. Una mujer avanza solitaria por la calle y el va detrás, es alta, tanto como él, y camina sin prisa, lleva zapatos chatos, parecen de color amarillo, un vestido blanco floreado, tal vez primaveral, camina por las calles empedradas subiendo cuesta arriba, guiada por la tenue luz amarilla que ilumina las callejuelas de postal.

Tiene las piernas largas y firmes, camina armoniosa y el vestido zigzaguea a cada paso, cintura pequeña y espalda erguida, cuello largo que se pierde en una cabellera rubia. ¡Hola! dice Joel a media voz, ubicándose al costado de ella. La mujer lo mira con desconfianza, ¿qué quieres? le dice sin detenerse. Él avanza un poco y sobre para delante de ella. ¿Quieres tener sexo conmigo? Le lanza la pregunta como un proyectil. ¡Estás loco! Frunce el ceño y avanza más rápido. Espera, espera le dice Joel pero ella no se detiene, paso a paso avanza por las angostas calles y él montado en su bici la ve entrar en un pasaje, esta vez trotando y perdiéndose entre las casas con fachadas similares.

Como un jinete en su noble corcel, avanza en la penumbra, rodando sobre el suelo empedrado. Vuelve a la carga y esta vez bajo los árboles y el suelo de tierra viene hacia él una doncella de cabellos largos color castaño, 1.65 m mucho más joven que las otras dos y al parecer por su inocencia responde con diligencia al saludo del caliente Joel, sin imaginar lo que vendría a continuación. ¿Quieres tener sexo conmigo? Y los ojos de la muchacha muestran el espanto de la propuesta.

Desaparece rauda de la vista del acosador insolente, y corre sin detenerse, sosteniendo con sus manos su bolso cuyas tiras cruzan su pecho, sus zancadas largas la alejan del sin vergüenza, quien la sigue en su bicicleta llamándola. Por fortuna va con zapatillas y jeans, da brincos y pasa en frente de Domkyrka, y cruza kyrkogatan, sin detenerse horrorizada, mirando cada tanto hacia atrás para mantener distancia del facineroso.

Yendo tras de ella la ve doblar la esquina y un patrullero, como nunca, aparece por el lugar. Joel baja la velocidad y se desvía en sentido contrario por donde corrió despavorida la joven. Es tiempo de volver a casa piensa. Lamentando la frustrada noche y con el remordimiento de haber sembrado el pánico.

El alcohol se disipa de su cabeza y se pierde por la ciclo vía entre la penumbra de la noche, sin ninguna buena historia que contar.

*Ponerse en pedo, expresión argentina para referirse al estado de embriaguez o borrachera de una persona.

Fasalá

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